Trump promete a Japón armas para derribar los misiles de Corea del Norte

En su segunda jornada en Tokio, denuncia el elevado déficit comercial de EE.UU. y se reúne con el emperador Akihito y con familias de secuestrados por Corea del Norte

La amenaza de Corea del Norte y las relaciones comerciales han centrado este lunes la segunda jornada del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en Japón. Siguiendo su línea habitual, en ambos temas se ha mostrado igual de agresivo. Tras repetir que «se ha acabado la paciencia estratégica» con el régimen de Kim Jong-un que aplicaba su antecesor, Barack Obama, ha prometido al Gobierno nipón trabajar juntos para enfrentarse a «la amenaza norcoreana», informa la agencia Reuters.

En una rueda de prensa con el primer ministro de Japón, Shinzo Abe, Trump le ha ofrecido armas para derribar los misiles de Corea del Norte que sobrevuelen su territorio, como los de largo alcance que atravesaron el norte del archipiélago en verano. «Podrá eliminarlos del cielo cuando complete la compra de un montón de equipamiento militar adicional de EE.UU.», aseguró Trump. Aunque la Casa Blanca no ha anunciado la firma de ningún contrato de armamento durante esta visita, el presidente desveló que «el primer ministro va a comprar grandes cantidades de equipamiento militar, como debería. Y fabricamos el mejor con diferencia». Además de detallar que parte de dichas ventas serán cazas invisibles al radar y distintos tipos de misiles, insistió en que este suministro de armas «supone un montón de puestos de trabajos para nosotros y un montón de seguridad para Japón», informa Efe.

Por su parte, Abe reconoció su intención de mejorar la defensa nipona «cualitativa y cuantitativamente» debido a la «muy dura” situación con Corea del Norte. Pero también dejó claro que solo derribaría sus misiles “si fuera necesario”. Desde que subió al poder en 2012, el primer ministro ha venido elevando el presupuesto militar de Japón para blindarse ante la amenaza del régimen estalinista de Pyongyang. Buena parte de estas compras de armamento proceden de EE.UU., pero aún está por cuantificar el monto de las partidas anunciadas por Trump. En mayo, el presidente estadounidense anunció a bombo y platillo durante su visita a Arabia Saudí una venta de armas por valor de 110.000 millones de dólares (95.000 millones de euros). Poco después se descubrió que no se había firmado ningún contrato y que esa cifra era lo que se podía llegar a vender algún día al reino saudí.

Déficit comercial

Igual de especulativo y poco concreto se mostró Trump con su denuncia del elevado déficit comercial que tiene EE.UU. con Japón, que ascendió el año pasado a 69.000 millones de dólares (59.500 millones de euros). «Durante las últimas décadas, Japón ha estado ganando. Queremos un comercio justo y más abierto, porque ahora no lo es. Queremos un comercio libre y recíproco que ahora no lo es, pero lo será», dijo ante un grupo de ejecutivos norteamericanos y nipones, informa France Presse.

A pesar del abultado déficit de la balanza comercial estadounidense, Trump erró el tiro al criticar a la industria automovilística japonesa en lugar de atacar la debilidad del yen, que favorece las exportaciones. «Tratad de construir vuestros coches en EE.UU. en vez de exportarlos. No es mucho pedir», aleccionó a los empresarios. Pero, según los datos de la Asociación de Fabricantes de Automóviles de Japón, tres cuartos de los coches nipones que se venden en EE.UU. se hacen ese país, donde producen cuatro millones de vehículos y 4,7 millones de motores. Además de tener 24 fábricas en suelo norteamericano, donde han invertido 45.600 millones de dólares (39.300 millones de euros), las marcas japonesas disponen de 43 centros de investigación y desarrollo. Por ese motivo, los expertos ya están calificando de infundadas y nada documentadas las críticas de Trump a la industria automovilística nipona.

Nada más tomar posesión, Trump se retiró del Tratado Transpacífico de Libre Comercio (TPP), que había impulsado Obama con el pleno respaldo de Japón y una decena de países a ambas orillas de dicho océano. Mientras el resto de sus miembros intenta sacar adelante el proyecto sin EE.UU., el presidente abandera un nuevo «marco de comercio indo-pacífico» que incluirá también a la India y desvelará durante esta gira por Asia.

Audiencia con el emperador

En el terreno diplomático, el presidente estadounidense y su esposa, Melania Trump, fueron recibidos por el emperador Akihito y la emperatriz Michiko. Un encuentro que también dejó un par de anécdotas jugosas que demuestran el carácter de Trump. Acompañado del primer ministro Abe, el presidente se retrató dándole de comer a unos peces en un estanque del palacio imperial. Mientras Abe vertía pacientemente con una cucharilla la comida en el agua, Trump pareció cansarse del ritual y optó al final por volcar su cajita del todo sobre el estanque. Como inmortalizaron las cámaras, era la refinada paciencia oriental frente al acelerado pragmatismo estadounidense.

Ante el emperador Akihito, Trump optó por inclinar ligeramente la cabeza mientras le estrechaba la mano, en lugar de postrarse ante él con una reverencia de casi noventa grados como la que le dedicó Obama durante su visita en 2009. Dicha muestra de respeto, sumamente valorada en un país que cuida tanto las formas como es Japón, fue muy criticada en EE.UU., donde a muchos no le gustó que su presidente quedara por debajo de un mandatario extranjero.

Japoneses secuestrados por Corea del Norte

Para terminar la jornada, Trump se reunió con familiares de japoneses secuestrados en los años 70 por Corea del Norte, raptados para enseñar la lengua y las costumbres niponas a sus espías. Entre los asistentes a este encuentro figuraba Hitomi Soga, antigua enfermera que tiene ya 58 años y estuvo retenida en Corea del Norte entre 1978 y 2002. Igual de duro fue el testimonio de los padres de Megumi Yokota, que desapareció cuando tenía 13 años y, según asegura el régimen estalinista de Pyongyang, ha fallecido ya. Pero ni su familia ni el Gobierno nipón se creen dicha versión y exigen conocer la verdad. Oficialmente, Corea del Norte admite haber secuestrado a 13 japoneses, pero podrían ser muchos más. Aunque algunos de ellos fueron devueltos a Japón, Pyongyang insiste en que la mayoría ya ha fallecido. Al igual que Abe, que ha abrazado su causa, Trump prometió luchar por ellos, pero las familias demandan resultados concretos para recuperar a sus seres queridos, si es que aún están vivos.

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